Leyendas y mitos griegos


I. "Después de Aristeo pasaron a Cerdeña los iberos a las órdenes de Norax, y éstos fundaron la ciudad de Nora, la primera que se recuerda hubo en la isla. Norax dicen que era hijo de Eritea, la hija de Gerión, y de Hermes".
Pausanias, X, 17, 5

II. “Ceto, por su parte, engendró con Forcis, a las Grayas, de hermosas mejillas, canosas desde su nacimiento, a las que ancianas llaman los dioses inmortales y los hombres que por la tierra caminan; a Penfredo, de hermoso peplo; a Enío, de azafranado manto, y a las Gorgonas, que habitan al otro lado del famoso Océano, en el límite de la noche, donde las Hespérides, de armoniosa voz, Esteno, Euríala y la desventurada Medusa. Esta era mortal, pero las otras inmortales y exentas de vejez las dos. Con ella sola yació el de azulada cabellera en el suave prado, entre primaverales flores. Cuando Perseo le cortó la cabeza surgieron el inmenso Crisaor y el caballo Pegaso. Este tuvo este nombre porque nació junto a las fuentes del Océano, y el otro porque tiene una espada de oro en sus manos. Aquél, abandonando de un vuelo la tierra, madre de rebaños, se fue junto a los inmortales y habita en la morada de Zeus, llevándole el trueno y el rayo al prudente Zeus. Crisaor engendró al tricéfalo Gerión, uniéndose a Calírroe, hija del famoso Océano; a éste lo mató el fuerte Heracles junto a sus bueyes de tornátiles pies en Eritea, bañada por todas partes, el día en que se llevó hacia la sagrada Tirinto los bueyes de ancha frente, atravesando el curso del Océano [tras haber matado a Orto y al boyero Euritión en el umbroso establo, al otro lado del famoso Océano”.
Hesiodo, Teog., 270-295.

III. “Como décimo trabajo le encargó traer de Eritía las vacas de Gerión. Eritía, ahora llamada Gadir, era una isla situada cerca del Océano; la habitaba Gerión, hijo de Crisaor y de la oceánide Calírroe; tenía el cuerpo de tres hombres, fundidos en el vientre, y se escindía en tres desde las caderas y los muslos. Poseía unas vacas rojas, cuyo vaquero era Euritión, y su guardián Orto, el perro de dos cabezas nacido de Tifón y Equidna. Yendo, pues, en busca de las vacas de Gerión a través de Europa, después de matar muchos animales salvajes, entró en Libia y, una vez en Tartessos, erigió como testimonio de su viaje dos columnas enfrentadas en los límites de Europa y Libia. Abrasado por Helios en el trayecto tendió el arco contra el dios, y éste, admirado de su audacia, le proporcionó una vasija de oro en la que cruzó el océano. Ya en Eritía, pasó la noche en el monte Abas; el perro, al darse cuenta, lo atacó, pero él lo golpeó con la maza y mató al vaquero Euritión, que había acudido en ayuda del perro. Menetes, que apacentaba allí las vacas de Hades, comunicó lo sucedido a Gerión, quien alcanzó a Heracles cerca del río Antemunte cuando se llevaba las vacas, y, trabado combate, murió de un flechazo. Heracles embarcó el ganado en la copa, y habiendo navegado hasta Tartessos, se la devolvió a Helios".
Apolodoro, Bibl. II, 5, 10.

IV. "Parece ser que en tiempos anteriores llamóse al Betis Tartessos, y a Gades y sus islas vecinas Eriteia. Así se explica que Etesícoro, hablando del pastor Gerión, dijese que había nacido
casi enfrente de la ilustre Eriteia, junto a las fuentes inmensas de Tartessos, de raíces argénteas, en un escondrijo de la peña.
Y como el río tiene dos desembocaduras, dícese también que la ciudad de Tartessos, homónima del río, estuvo edificada antiguamente en la tierra colocada entre ambas, siendo llamada esta región Tartéside, que ahora habitan los túrdulos. Eratóstenes acostumbraba a llamar Tartéside a la región cercana a Calpe, y a Eriteia "isla afortunada". Más Artemidoro, opinando en contra afirma que ello es falso".
Estrabón, III, 2, 11

V. "Para Ferécides parece ser que las Gadeiras son Eriteia, en la que el mito coloca los bueyes de Gerión, más según otros, es la isla situada frente a la ciudad, de la que está separada por un canal de un estadio. Justifican su opinión en la bondad de los pastos y en el hecho de que la leche de los ganados que allí pastan no hace suero".
Estrabón, III, 5,4

VI. “El poeta que tantas cosas cantó y de tanto dio noticia, brinda ocasión para pensar si no tuvo realmente conocimiento de estos lugares. Si alguien quisiera juzgar rectamente de la cuestión, tendría que considerar tanto las cosas que dijo con poca fortuna como las que manifestó con más razón y verdad. Así, pues, no acierta al decir que [Tartessos] está situada hacia el final del Ocaso, cuando, como él mismo afirma, cae en el Océano la brillante lumbrera del Sol, arrastrando tras sí la noche negra sobre la tierra de fecundos senos. Pero como la noche, por su nombre siniestro, evoca evidentemente la idea de un lugar próximo al Hades, y éste a su vez confina con el Tártaro, pudo creerse que se sirvió de lo que había oído de Tartessos, asimilando este nombre al de Tártaros, para aplicarlo luego a la parte más alejada de las regiones subterráneas, no sin embellecerlo de mucha ficción, conforme al uso de los poetas. Así también, sabedor de que los cimerios habitaban junto al Bósforo, en los lugares situados al Norte y al Poniente, los transportó al Hades, dejándose llevar en esto por el odio común de los jonios contra aquel pueblo, del que se dice invadió en tiempo de Homero, o poco antes, la Eolia y la Jonia....Por todo ello, de la ficción del Tártaro, aunque basada en datos falsos, podría creer cualquiera que había conocido los lugares cercanos a Tartessos.
Pero es mejor aún lo que vamos a recordar: la expedición de Heracles y la de los fenicios a estos parajes diéronle, de sus habitantes, la idea de un pueblo rico y de buena condición; así, pues, su sujeción a los fenicios fue tan completa, que hoy día la mayoría de las ciudades de Turdetania y de las regiones vecinas están habitadas por aquellos. Me parece cierto, asimismo, que Odiseo llegase hasta aquí en su expedición, la cual le sirvió de pretexto para que, como en la Ilíada, también en la Odisea convirtiera lo histórico en narración fabulosa, según costumbre de los poetas. En efecto, no sólo se hallan vestigios de estas cosas en Italia, Sicilia y otros lugares, sino en Iberia, donde hay una ciudad de nombre Odisea, un templo de Atenea y mil otros indicios de las andanzas del héroe y de los demás que sobrevivieron a la guerra troyana, tan funesta para los defensores como para los conquistadores de Troya. Efectivamente, no lograron sino una «victoria cadmea» y, en cambio, perdieron sus casas, sin conseguir cada uno más que una pequeña parte de botín; así, pues, se vieron obligados a echarse a la piratería, tanto los helenos como los que habían escapado y sobrevivido a la destrucción de su patria, unos por valor, los otros por venganza. Porque cada uno se había dicho: que es bochornoso estar largo tiempo lejos de los suyos y volverse de vacío a ellos. Así, al lado de las andanzas de Eneas, de Antenor y de los Henetos, la Historia ha registrado las de Diomedes, de Menelao, de Menesteo y de muchos otros. Ahora bien, instruido por la voz de la Historia de todas estas expediciones guerreras a las costas meridionales de Iberia, conocedor también de la riqueza de estas regiones y de los bienes de todas clases que poseen y que los fenicios dieron a conocer, tuvo la idea de colocar aquí la mansión de las almas piadosas, y los Campos Elíseos donde, según la predicción de Proteo, Menelao debía vivir algún día:
En cuanto a vos [Menelao], los inmortales os conducirán al Elysion Pedíon, en los fines mismos de la Tierra: donde reina el rubio Radamantis, donde los humanos gozan de una vida feliz al abrigo de la nieve, de la escarcha y de la lluvia, y donde desde el seno del Océano se levanta el soplo armonioso y refrescante del Céfiro.
La pureza del aire y la dulce influencia del céfiro son, en efecto, caracteres propios del Iberia que vuelta por completo al lado del Occidente, posee un clima verdaderamente templado. Además está situada en los últimos confines de la tierra habitada, es decir, en los mismos lugares donde la fábula —como hemos dicho— ha colocado el Hades; porque la mención de Radamantis en los versos que preceden implica la vecindad de Minos, y ya se sabe lo que dice [Homero]:
Allí vi a Minos, el noble hijo de Zeus, que con su cetro de oro en la mano administraba justicia a los muertos.
Poetas venidos después han imaginado cosas semejantes a éstas: el robo de los ganados de Gerión, y la expedición con el fin de conquistar la manzana de oro de las Hespérides, y estas islas de los Bienaventurados, en las que reconocemos hoy algunas de las islas sitas no lejos de la extremidad de la Mauritania, que está frente a las Gadeiras”.
Estrabón, III, 2, 12-14.

El marco geográfico

Arqueologia tartésica